La primera vez que escuché el despertador estaba tan dormido que me pareció un simple sonido de mis sueños. Pero ya a la cuarta vez, cuando ya me taladraba el cerebro, me tocó levantarme. La noche anterior me acosté muy tarde ultimando los preparativos para el día de hoy, y no había dormido mucho que se dijera. Al ver la hora del despertador, pegué tal salto, que lancé éste y me fui corriendo a la ducha. Me duché, me afeité quitándome la rasposa barba de una vez, me comí un croissant lo más rápido que pude, y cuando iba a vestirme, me acordé de que no había sacado a mi perro para que hiciera sus necesidades matutinas. Sabiendo que iba justo de tiempo y que no podía llegar tarde, puse a Nito en el pequeño jardín para que una vez en su vida pudiera abonarlo en abundancia.
El proceso de vestirme me llevó bastante rato. El motivo era que me tenía que poner la enorme toga de cura para celebrar una boda. Hoy, se casaba nada más y nada menos que mi hermano mayor. Era un día muy especial para él, pero también lo era para mí. No le había confesado a nadie, que mis hermanos habían sido mi mayor inspiración y modelo siempre, porque aunque yo no tuviera la misma sangre que ellos, me acogieron cuando no tenía familia y habían sido ellos los que me escuchaban cuando estaba mal y los que pasaban buenos ratos conmigo. La sangre no siempre importa en estos casos, ni siquiera para decirte quién es tu hermano o quién no lo es, porque a veces los sentimientos son tan fuertes, que te da igual todo lo demás, y este era el caso, me daba igual todo lo demás, sólo me importaban ellos.
Al acabar de pensar aquello fue cuando ya me había puesto definitivamente mi toga. Miré por el jardín para ver si nito había acabado ya sus necesidades, y al volver a mirar el reloj volví a pegar un salto de la hora que era. Sin peinarme, y sin ni siquiera ponerme los calcetines, me puse los zapatos, cogí las llaves y salí de casa todo lo rápido que pude.
A pesar de que mi hermano mayor haya insistido millones de veces en que me cambie el coche, yo siempre llevo mi viejo coche de hace veinte años. Es bonito, tiene tres puertas, es rojo, bien cuidado, parece un mini la verdad. Nunca he sido alguien que ansiara muchos lujos, y siempre me va más lo viejo que lo nuevo, o como dice la gente de ahora, el vintage, pero eso sigue siendo lo viejo. Quizás el motivo sea, que las cosas sentimentales siempre las he guardado con un cariño infinito y que no soy capaz de desprenderme de todo aquello.
La boda iba a celebrarse en un pequeño pueblo de Italia donde estaba la casa residencial antigua de mis hermanos. Ahí fue, donde prácticamente pasaron toda su infancia y donde yo pasé tiempos posteriores con ellos, es, la casa a la que más cariño le tenemos los tres. Estaba situada entre unas montañas no muy altas, era una mansión blanca grande, con unos jardines muy bonitos. Siempre había orquídeas y rosales, con una fuente en el medio. Cuando bajé del coche, fui hacia la zona del jardín donde se celebraba la boda. A parte de la zona donde estaban todas las flores y las plantas, había una donde todo era césped, y al fondo estaba situado un enorme árbol de muchos años. Ese árbol se solía recordar por los juegos que solían hacerse alrededor de éste, tenía mucha mucha historia.
Pero esta vez, el jardín estaba bastante cambiado; al lado del tronco habían situado un altar decorado con algunas flores, donde había un pequeño arco que era la situación de los novios. El resto del césped estaba lleno de sillas blancas adornadas con una especie de lazo y con pétalos de rosas en el suelo. Al medio, una alfombra roja ocupaba todo el pasillo hacia el altar. Era el escenario perfecto para los novios. Además, el tiempo acompañaba, no había calor, sino un clima más bien templado, y no había ninguna nube en el cielo.
Estaba yo enfrascado en mis pensamientos cuando alguien me tocó mi hombro. No hacía falta girarme para saber quién era, sólo con oler su perfume ya lo sabía. Al darme la vuelta, pude ver a mi hermano mayor mirándome con una sonrisa en los labios. Michael, era un hombre alto y corpulento; tenía una melena rubia que hoy llevaba algo más corta, unos ojos verdes bastante risueños y a veces algo infantiles, barbilla cuadrada, labios con mucha experiencia en besar, una barba bien cuidada de tres días, anchos hombros con una espalda firme, brazos y piernas musculados, y un pose de elegancia propio suyo. Iba vestido con su traje de Armani negro, con chaleco gris, corbata verde para resaltar sus ojos y zapatos impolutos. Él era el dueño de la empresa Armani, y he de decir, que aunque muchos lo calificaran con adjetivos como frío, distante, cerrado y cabrón, mi hermano era todo lo contrario. Poseía un corazón que era capaz de dar un amor infinito a aquella mujer que se lo mereciera, era detallista y cuidadoso con los que más lo querían, amable, risueño y sobre todo, entregado a su familia. Solamente había que saberse ganar un hueco en él para ganarse lo mejor.
_¿Qué haces aquí, Jean?-dijo encendiéndose un cigarro mientras me miraba-pensaba que ibas a entrar en casa
_Quería ver cómo estaba todo, tenía curiosidad..-le quité el cigarrillo después de que le diera una calada dándole yo otra-¿estás nervioso?
_...más que nervioso, impaciente-soltó echando el humo-Tengo ganas de casarme con Sophie de una vez
_Todo va a salir bien Mich…así que respira hondo-le di el cigarro mirándole, sonriendo luego-
_Qué escondiditos que estabais los dos-dijo Dim rodeándonos el cuello con sus brazos-
_Sobre todo para no verte..-sonreí rascándome el cuello con ganas, me picaba mucho-
_Hoy se casa Michael…-canturreó poniendo morros mientras le miraba, sonriendo luego-
Dimitri era mi otro hermano, el pequeño de los tres. De altura era igual que Michael, pero algo menos corpulento, sin llegar a ser un fideo. Su pelo estaba siempre cuidadosamente revuelto, era ondulado y de color trigueño, cortado en media melena. Los ojos de Dim eran más claros que los de mi hermano mayor, pero igualmente bonitos, que siempre estaban brillantes y llenos de vida, y además, era el dueño de la importante empresa Fish & Chips. En general se parecía mucho a Mich, aunque de carácter era diferente. Dim era más infantil, le gustaba hacer alguna que otra travesura y siempre estaba sonriendo; le encantaba abrazar a las personas y era más abierto en ciertas ocasiones que mi hermano. Pero, cuando nos juntábamos los tres, sería francamente difícil decir cuál es el más infantil o el que más travesuras hace.
Después de que Dim se balanceara un rato sobre nosotros, se fue para ver cómo estaba la novia. Cada vez notaba más nervioso a Mich, y la gente ya empezaba a llenar poco a poco las sillas. Durante un buen rato, nos mantuvimos ocupados saludando a toda la gente que acudía a la boda, personas que no había visto en mi vida pero que trataban a Mich con enorme respeto. Llegó un momento en el que Dim se asomó para darnos una señal, la señal de que la novia estaba a punto de caminar por el altar. Mich se puso recto en su sitio mirando fijamente donde tenía que aparecer, y yo lo único que podía hacer era rascarme el cuello de lo que me picaba.
La música empezó a sonar lentamente, mientras Sophie caminaba al lado de Dim lentamente. Llevaba un vestido blanco largo, con un gran velo delante de la cara. Miraba fijamente a Mich sonriéndole en todo momento, hasta que Mich extendió su mano para ayudarla a subir al altar, mirándome al cabo de un rato, para que empezara a oficiar la misa.
La misa fue algo rápido; no hice ningún tipo de referencia bíblica, aunque hice hincapié en el amor de Mich y Sophie, y en lo importante que suponía casarse con la persona que más amabas en tu vida. Luego, los novios ofrecieron los votos, y, finalmente, se declararon marido y mujer.
Después vinieron las felicitaciones, y los vítores. Yo me hice a un lado para quitarme el cuello porque me estaba dejando la piel de lo que me picaba, y entonces se me acercó Dim riéndose con ganas mientras me miraba. Sospeché por su risa que había hecho algo, aunque no dije nada.
_¿te pica mucho no?-sonrió balanceándose sobre sus pies-
_demasiado…-gruñí tirando al suelo el cuello blanco, rascándome de nuevo-
_es lo que tiene los polvos picapica-soltó una risa con ganas por debajo-
Fue escucharle y abalanzarme sobre él. Nos pasamos un buen rato dándonos collejas, pellizcándonos, tirándonos de las orejas y haciéndonos cosquillas, hasta que una voz femenina nos calló
_Hay que ver qué infantilmente se están comportando
_no es nada Soph-me separé de Dim como pude-sólo estaba recordándole que los polvos pica pica se los voy a echar la próxima vez en el cu…
_¡vamonos a comer!-exclamó Dim, cogiendo mi mano y tirando de mí-
En la parte del jardín, y en medio de todas las flores y rosas, había varias mesas alargadas abarrotadas de comida típica italiana, y exquisiteces propias de un banquete de boda. En la principal, estaban Mich y Soph; él ya se había quitado la chaqueta y medio deshecho la corbata, ella ya no tenía el velo en la cara y tomaba un sorbo de vino. A la izquierda de Mich, estaba sentado Dim, con su habitual sonrisa medio burlona, y al lado de Soph estaba yo, vestido con traje después de que definitivamente me quitara la maldita sotana de cura.
El banquete fue muy agradable y tranquilo, menos cuando Dim se levantó a leer su discurso, provocando las risas de los presentes y alguna mirada de muerte echada con cariño por Mich. Después vino el postre, la espectacular tarta de cinco pisos donde Soph acabó con el pelo manchado de tarta, y luego el baile de los novios, con música escogida exclusivamente por ambos.
Fue poco después cuando Mich y Soph tuvieron que cambiarse para iniciar una ininterrumpida luna de miel de nada más y nada menos que de seis meses a los sitios más exóticos y más fabulosos que había. Se fueron en el ferrari negro de Mich, lleno de latas. Yo ya empezaba a notar el bajón del cansancio, eran casi las nueve de la noche y había dormido bien poco, pero Dim no me dejó irme. La fiesta duró hasta muy entrada la madrugada, donde si no recuerdo mal acabé cantando una marcha fúnebre versión aflamencada con una mujer que no recuerdo haber visto en toda mi vida. Dim bailaba con una fregona un cha cha cha inventado, y tenía atada la corbata a la cabeza.
Decidí dormirme allí, porque estaba demasiado alegre para conducir yo solo hasta mi casa. Con pasos extremadamente lentos y pesados, me deslicé hasta mi habitación donde ni me quité el traje, simplemente me dejé caer en la cama y tal y como caí, me desperté.
No serían ni las siete de la mañana, cuando el sol empezó a llenar mi habitación con sus rayos. El dolor de cabeza era impresionante, pero tenía que irme a casa porque no podía dejar a Nito solo, estaría el pobre desesperado. Tampoco me planteé ni siquiera desayunar, simplemente me levanté de la cama y salí silenciosamente para no despertar a mi hermano.
A pesar de que la vida no me fuera bien, solamente deseé la mayor felicidad posible para ellos dos, porque si ellos no estaban bien, yo nunca podría estar bien. En estos días es cuando aprendes que si no fuera por tu propia familia, no te quedaría nada en la vida.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada