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diumenge, 25 de març del 2012

Historia parte uno

Jean Alain Omega Ashford nació el 22 de Abril de 1804 a unos kilómetros de Sena Marítimo, al norte de Normandía, en una zona de cultivo del trigo.
Su familia estaba formada por su padre, su madre y sus dos hermanos. Su padre era de raíces puramente francesas. El abuelo fue conde de Roshtorn pero debido a sus problemas con el juego y con el dinero, perdieron todas las tierras y el dinero que poseían. Por ello, tuvieron que vender la mansión que estaba cerca de los trigales, y vivir en la vieja casa de madera donde solía vivir el proveedor del trigo. lo único que consiguieron no perder fueron los mismos trigales, pues llegaron a un acuerdo con el duque de Monmouth; si ellos les vendían la casa, podían poseer el campo y la casa de madera a condición de un descuento a la hora de venderles trigo. Como no había otro sitio donde vivir y tampoco conocían muy bien el resto de Francia, les tocó aceptar.
Así pues, el padre desde joven vivió en esa casa de madera cultivando el trigo hasta que conoció a su futura esposa. Evelyn era una joven escocesa que había ido a Francia en su afán de huir de las garras de su madrastra que se había apoderado del faro donde vivía el padre, Carlisle.
Y así fue como ambos se casaron, y tuvieron a su primer hijo: Alan Carlisle Ashford. Aquél niño era clavado a su padre y posteriormente todavía se parecería más. La única cosa que había heredado de su madre eran sus ojos verdes. Alan siempre fue un niño muy callado, aunque siempre tuvo una alegría que solía contagiar a los demás con mucha facilidad. Poco después, nacieron otros dos niños. El primero era Pierre Carlisle Ashford, y al igual que su hermano mayor era como su padre menos en los ojos. Pierre siempre fue un niño muy pegado a Alan y era más malicioso para las cosas, le encantaba hacer travesuras. Éste tuvo un hermano mellizo que se llamaba Jean Alain Carlisle Ashford, y al contrario que sus hermanos él se parecía más a la madre, aunque tenía algunos rasgos de su padre, como sus ojos azules. Jean era más taciturno y prefería explorar por el campo para encontrar cosas raras y coleccionarlas, aunque también se relacionaba bastante con sus hermanos.
Fue pasando el tiempo y tanto Alan como Pierre fueron creciendo bastante rápido demostrando que habían heredado los genes de la altura en muy poco tiempo. Con tan sólo 8 años Alan parecía mucho más mayor, y Pierre no iba lejos. En cambio, Jean con 5 años parecía mucho más pequeño, crecía muy lentamente y eso le ocasionó alguna que otra mofa de sus hermanos cuando se enfadaban con él, pero éste tenía una ventaja que ninguno de los dos tenía: corría como el viento y eso le ayudaba a que cuando rompían panales de abeja ninguna o casi ninguna le picara.
Evelyn siempre quiso que sus hijos recibieran una buena educación pero estaba claro que no la podrían tener por el poco dinero que poseían. De vez en cuando, ponía a los tres en la mesa y les explicaba cosas para que por lo menos tuvieran un conocimiento básico . Pero quitando eso, Alan se dedicaba a ayudar a su padre al igual que Jean y Pierre, sobre todo en la época de la cosecha.
El hobbie favorito de Jean era ir al río que estaba al lado del campo para buscar piedras que fueran diferentes, y también sentarse bajo el árbol para dormir un rato o para ver las estrellas. El único juguete que poseía era un peluche que le había hecho su madre cuando nació, y que él mismo guardaba como paño en oro. A Alan, le encantaba escaquearse por las noches para ir a la mansión del duque de Manmouth, subirse al árbol más cercano y observar a las jovencitas de cerca en las fiestas que se ofrecían. Pierre siempre iba detrás suya porque también quería ver, y Jean iba con ellos para no quedarse solo en el jergón.
Había un árbol robusto donde nadie les veía y se podía ver todo perfectamente, así que ese era el más transcurrido. Pierre y Alan comentaban las chicas que le gustaban y siempre le preguntaban a Jean cuál le gustaba a él. Ahí es donde se dio cuenta de que su gusto no era como el de ellos porque observaba tanto a las chicas y a los chicos.
Pero no todo iba a seguir como ya iba. Una noche de otoño, se desató una fuerte tormenta sobre la zona. El padre tuvo que salir porque las cabras no estaban en la cerca de madera. Los tres niños se quedaron con la madre esperando a que el padre volviera pronto, pero la verdad es que nunca volvió. Había tenido la mala suerte de resbalar con el agua y darse con una piedra en la cabeza.
Evelyn siempre fue muy fuerte pero la muerte de su marido le afectó profundamente. Sólo tardó un mes en dejarse llevar y no ser capaz de luchar contra una neumonía que contrajo. Y de la noche a la mañana, se quedaron los tres huérfanos, sin nadie que les cuidara.
Afortunadamente, o tal vez desafortunadamente, un testamento hizo que los tres pasaran a pertenecer a la hermana de su padre, tía Magdalène Anaëlle, que había conseguido heredar dinero por haberse casado con un primo lejano y se había salvado de vivir como su hermano.
Antes de irse con ella se celebró el entierro. El vacío que sintió Jean era indescriptible, y por las caras que hacían Pierre y Alan se pudo imaginar que sentían lo mismo. Decidieron enterrar en el mismo campo a Evelyn y a su marido cumpliendo así la última voluntad de la madre.
Aquél día, todos se dispusieron alrededor del hoyo donde iban a enterrar a Evelyn. Entre los presentes estaba el duque de Monmouth que veía peligrar el suculento trato con el trigo que había hecho con el padre. Mientras éste estaba preocupado por el posible dinero que iba a perder con el fallecimiento de ambos, la tía Magdalène observaba con repulsión a los tres renacuajos que su hermano le había plantado. Nunca en su vida los había visto, odiaba a los niños y ellos no iban a ser menos por mucha sangre que tuviera suya. Pierre y Alan observaban a su futura tía imaginándose lo que se iban a encontrar mientras intentaban reprimir las lágrimas que querían soltar, y Jean sólo buscaba una forma de huir de todo el mundo. Cuando el cura dijo la última palabra, se procedió a enterrar a Evelyn y después a recolocar la tierra poniendo luego un trozo de madera donde ponía su nombre y la edad en la que había muerto.
Y aprovechando el despiste y la charla paralela a la sepultura que habían iniciado el duque de Mon mouth y tía Magdalène, Jean se giró y empezó a correr como si no hubiera fin hacia el bosque.
El cochero de tia Magdalène se percató de aquello y empezó a correr detrás suya para darle alcance, mientras sus hermanos se sonreían por lo bajo al observar el gesto de Jean. Le atraparían seguramente, pero les costaría mucho.
La ventaja de Jean fue que se sabía el bosque de cabo a rabo, y que corría como una llama al galope, pero no se percató de un hoyo para atrapar ardillas y tropezó cayendo al suelo. Finalmente el cochero gracias al hoyo, atrapó a un dolorido Jean y se lo llevó a rastras para meterlo directamente al carruaje. Poco tardaron Alan y Pierre en subir detrás suya, disponiéndose ya para irse de la que era su casa, su hogar.
Antes de que el carruaje se adentrara en el camino, Jean echó una última vista a su casa, sin saber que no sería la última vez que la vería.
Fin de la primera parte

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