Aquella noche había una vela sobre mi ventana consumiéndose lentamente. Normalmente odiaba las velas, sólo las usaba para cuando me tocaba escribir mis manuscritos, no me importaba que se impregnen de cera y que se resecara sobre mis trazos con la vieja pluma de avestruz que tenía. Pero esa vez la vela estaba puesta por otro motivo.
Cuando ya estaba empezando a notar congelada la nariz sobre el cristal de la ventana de tanto mirar a la lluvia y notaba un calor abrasador en mi nuca por la proximidad de la vela, entró Siblus armando tal estruendo que al cerrar de un portazo casi aterriza al suelo mi viejo cuadro de color canela que tengo sobre la pared.
_¿Qué estás haciendo?¿Quieres espabilar?-soltó mientras lanzaba la bufanda al perchero del fondo-tienes que acabar de escribir eso, ya sabes cómo se pone el jefe si no lo entregas a tiempo.
_Déjalo tranquilo Siblus-espetó la grave y pausada voz de Dhirt - ¿no ves que está cansado?
Solté un suspiro de impaciencia, ya estaban otra vez dándole la tabarra, día tras día discutiendo. Siempre aparecían a medianoche, hora a la cual mis cansados ojos protestaban por un poco de descanso.
A pesar de que siempre discutieran, los necesitaba. Siblus era una persona demasiado nerviosa e intranquila, se pasaba el tiempo repiqueteando los dedos sobre la mesa refunfuñando por lo bajo y protestando en mi lentitud para escribir. Dhirt, en cambio, era lo más tranquilo que podía existir, con una voz muy pausada y lenta, siempre meditando las palabras, los actos, los pensamientos, nunca dando un paso en falso.
_No estoy escribiendo-me levanté de la silla dando varios pasos para despejarme-simplemente observaba la lluvia.
_Ya estamos-resopló Siblus, alterándose a la mínima como siempre-un día te explotará la cabeza de tanto pensar, deberías...
_Siblus, por favor, baja la voz que me vas a dar dolor de cabeza-le cortó Dhirt-
_¿Qué demonios hace una vela encendida entonces?-dijo Siblus clavándome sus ojos grises-algo raro estás tramando...
_¿Podéis callaros, por favor?-dije alzando las manos.
Al instante me llevé las manos a la cabeza apartándome el pelo, intentando que se me fuera la terrible jaqueca que estaba martirizándome desde hacía horas. Esto me estaba afectando demasiado, llegaría un momento en el cual era consciente de que no sería capaz de gobernarme a mí mismo. Sin embargo...en algunos momentos volvía a sentir debilidad de mí mismo e imaginaba por un momento que Dhirt y Siblus no eran sólo producto de mi imaginación, que realmente no me estaba volviendo loco, que la locura por la soledad que me había tocado experimentar desde la huida de casa de mi tía no me afectaba....Pero era inútil.
_Me voy a la cama...ya he tenido suficiente por hoy
_La vela-me recordó Dhirt cuando estaba a punto de irme.
Con pasos lentos me acerqué hasta la ventana apagándola, arrastrando mis pies hasta aquella vieja cama para tener unas horas de paz hasta el amanecer. Tras mis momentos de reflexión estaba decidido a cambiar todo aquello que me afectaba. El primer paso había sido encender una vela, una forma simple de recordar a mis padres en aquél frío y lluvioso día.
_Hasta...quién sabe-murmuré por lo bajo con un nudo en la garganta, sin atreverme a mirar por última vez a quienes habían minimizado mi sufrimiento, aunque irrealmente.
_Que descanses bien Jean-susurró Siblus.
En ese momento noté cómo los dos habían desaparecido, dejándome solo en aquella vieja choza llena de humedad, solo ante un nuevo camino que nadie más podía continuar, excepto yo mismo.
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