This is my brain

diumenge, 30 de novembre del 2014

delirios sin sentido

Abrí la boca esperando un gran chorro de agua fresca que fuera capaz de calmar mi sed. Sin embargo sólo obtuve aire caliente que me resecó todavía más la garganta. Intenté salivar un poco pero estaba todo tan reseco que ni siquiera era capaz de humedecer levemente la lengua, todavía menos para tragar. Cada vez se me resecaban más los labios y mi estómago pedía a gritos aunque fuera una gota de agua que fuera capaz de calmarme.
Para mi fortuna (o desgracia) todo aquello fue una terrible pesadilla, y cuando abrí los ojos pude por fin beber a grandes sorbos el agua y calmar mi desesperación al estar deshidratado. Pero aun así pude darme cuenta de que hasta la más exquisita fuente de agua esconde en sus profundidades el aire más caliente posible. Desde entonces, no fui capaz de fiarme ni del mayor lago existente, pero todavía menos de las aguas cristalinas.

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