This is my brain

divendres, 20 de març del 2015

-¿sí?
-Jean, he conseguido mover los hilos y ya podrás incorporarte a partir de mañana, aunque te dan un margen de dos días. He tenido también que retocar tu expediente y eliminar varios años que estuviste de….
Jeremy seguía hablándole pero realmente no le estaba escuchando. Ya le había dado luz verde, y era consciente de que se tenía que ir cuanto antes. Estaba muy contento en su hospital , por primera vez en mucho tiempo no pensaba en nada, era capaz de  no sentirse triste o miserable, sino útil, y tener que desprenderse de todo aquello le entristecía y a la vez le aterraba. Cerró los ojos mientras de fondo escuchaba a Jeremy  y suspiró profundamente. Sería mejor empezar a coger lo imprescindible ya.
-….así que ya está todo arreglado. ¿Me has escuchado Jean?¿Estás bien?-resonó la voz preocupada de su amigo al otro lado del auricular.
-Sí…ya hablaremos. Gracias por todo, como siempre Jeremy
Sin llegar a esperar a que le contestara, colgó y se metió el móvil en el bolsillo. ¿Y ahora qué iba a empaquetar? No es que su coche fuera precisamente espacioso, y Nito iba a ocupar una parte de los asientos. Miró a su perro mientras mordisqueaba su pelota, tumbado en su gran almohadón, bastante entretenido. Qué fácil que sería ser perro, sin tantas preocupaciones…y sin mafiosos que busquen a testigos.
Lentamente fue preparando cajas de cartón y colocando todos los libros que tenía dentro de ellos. Había decidido llevarse sólo los libros , un poco de ropa y poca cosa más.  Quizás el motivo de ir tan despacio era el no tener que asumir lo que le había sucedido, el alejarse más de sus problemas, pero él mismo era consciente de que era un error. Había que afrontar la situación, e irse era lo mejor que podía hacer; borrón y cuenta nueva. Esperaba que dejando todo aquello pudiera desprenderse de la preocupación de pensar en si los matones andaban cerca de él.
Aprovechó las horas punta de gente para cargar su coche con las cajas de la manera más disimulada posible, siempre procurando que no le viera aquél hombre calvo. Nada más cargar la última caja, despedirse de su ahora vieja casa, y meter a Nito dentro del coche, se metió definitivamente en el coche dispuesto a marcharse. Arrancó con parsimonia el motor, y se reajustó el retrovisor cuando en ese momento observó al hombre calvo del tatuaje girando la esquina . Sin pensárselo dos veces, aceleró y se fue con la máxima rapidez que pudo de aquél lugar. Poco después, ya estando a las afueras de la ciudad, se permitió el lujo de mirar por la ventana para echarle un último vistazo a su ya antiguo hogar

-hasta pronto Lyon-susurró

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