Me llamo Jean. Soy descendiente del conde de Rhostorn, pero la gloria de la vida en sociedad se acabó mucho antes de que yo naciera ,dado que el último conde fue mi abuelo. Mi padre me contó una vez que cuando era pequeño vivió la gloria de la alta vida de la sociedad, y muchas veces las grandes fiestas y galas sucedían en la mansión Rhostorn donde él vivía. La comida que servían y los bailes eran tan importantes y tan memorables que se consideraban los eventos sociales más importantes. Todo aquello sucedió mucho antes de que estallara la Revolución Francesa, por supuesto. Unos años antes de la revolución, mi abuelo, que de tonto tenía poco, empezó a ver cómo la monarquía absolutista que había en esa época estaba generando un descontento cada vez mayor en la sociedad francesa. Y, ni corto ni perezoso, cortó las relaciones de la alta sociedad para evitarse todos aquellos conflictos que en un futuro llegaron. La ventaja estaba de su parte; la gran mansión Rhostorn se encontraba al norte de Normandía, entre grandes bosques y una pequeña zona central de cultivo de trigo. Aquella zona aislada y el haber cortado las relaciones con la alta sociedad y los reyes permitió que el conde de Rhostorn pudiera mantener todo lo que poseía a salvo, con tranquilidad.
Mi abuelo estuvo refugiado dentro de su gran mansión durante cuatro años. Salía lo imprescindible, pocas veces, y con él mi padre y mi tía. Sin embargo, aquella armonía duró bien poco. Cuatro años después del inicio de la Revolución, en el 93, falleció mi abuelo, Pierre Jacques Rhostorn. Su muerte fue para mí y para mis hermanos una gran incógnita, y no fue hasta mucho más tarde, cuando a manos de mi tía conseguí enterarme de lo que realmente pasó. Pierre era un alcohólico y jugador moderado. Se gastaba gran parte de su fortuna en sus adicciones, y al principio pasaban desapercibidas, pero posteriormente se vieron reflejadas. Cuando mi abuelo salía de vez en cuando de su mansión con mi padre y con mi tía, eran a lugares poco adecuados para unos recién adolescentes. El estar aislado, sus problemas, la muerte de mi abuela y la Revolución habían hecho mella en él, y en vez de racionar el dinero como antaño fue capaz, lo acabó liquidando en un suspiro. Mi padre me dijo que mi abuelo murió con el estómago realmente hinchado. Había fallecido con una cirrosis brutal, fruto y consecuencia de su mayor amor, pasión, adicción y angustia: la bebida.
Mi padre siempre se sintió orgulloso de su condición humilde. Tuvo que vender la mansión tras morir mi abuelo y trabajar en un campo de trigo. Nunca pidió ni se quejó más, y se esforzó hasta su último aliento. Pero a pesar de todo esto, siempre nos decía, que fuéramos a donde fuéramos, nunca nos debíamos olvidar de dónde proveníamos, porque al fin y al cabo, es importante conocer tus propias raíces y sus errores para saber construir tu propio futuro
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