Diario, 16/08/1991
hace tiempo....que soy ceniza. Hace tiempo que soy un muerto en vida. Hace tiempo que mi corazón dejó de latir. Vivo sin vivir. Camino sin rumbo, respiro por hacerlo. Si me fallara el aliento no pasaría nada, el jadeo que nacería de mi alma sería un quejido de dolor.
Estoy podrido. Estoy tan podrido que no tengo salvación. Estoy tan podrido que no existe renovación. El dolor más profundo no me abandona...es como una abeja. Tan sutil al principio....y va aumentando. Te clava lentamente. La primera estacada es tan fuerte que te falta el aire. La segunda te parte el corazón. La tercera te hace abrazar el suelo, primero con las rodillas, luego con las manos. La cuarta te arranca el llanto. La quinta te reduce a escombros. Pero te levantas, por inercia.
¿Has resurgido? No. Lo haces por supervivencia. El dolor agudo pasa a uno crónico. No te hace abrazar el suelo, ni te quita el aliento porque hace tiempo que te lo robó. Simplemente está ahí, de forma lenta, quemándote hasta lo más profundo de tus entrañas y tus recuerdos para que nunca te olvides de él, para que sepas que no te va a abandonar, para que cada paso que vayas dando te des cuenta que ahora sí...eres un muerto en vida.

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