This is my brain

diumenge, 11 de setembre del 2011

La historia alternativa

Era octubre, pero, ¡menudo octubre! Una ola de frío venía del norte y había provocado tal descenso en el mercurio que la gente caminaba por la calle como si fuera pleno febrero, y en Roma no estaban acostumbrados a ello.
Cerca de la famosa fontana di trevi, en una de las callejuelas, había un pequeño pero bullicioso bar. Apenas cabían ocho o nueve mesas, pero siempre se llenaba, tenía fama de hacer el mejor capuccino de la zona, y de tener los mejores bollitos rellenos de mermelada.
En ese bar llamado Trevi, iba todos los días clientela fija. Un hombre regordete siempre pedía cuatro bollitos a las once de la mañana puntualmente. Luego estaba el flacucho que se bebía el café solo y corto, al parecer le gustaba el sabor amargo de buena mañana. También estaba el periodista, que siempre se llevaba la gazzeta sport del día mientras se tomaba su capuccino. ¿Que cómo sabía él que era periodista? Porque el camarero que servía todos los días a la clientela del bar Trevi llevaba meses fijándose en aquél hombre. Seguramente el mismo no sabría que su camarero le observaba todas las mañanas y las tardes que iba detenidamente, y ni siquiera sabía por qué lo hacía. Debió de ser cuando le vio por primera vez y sintió una curiosidad infinita por aquella persona. Solía escuchar atentamente las conversaciones que tenía para saber algo más de él, no es que pensaba decirle nada, tampoco era capaz. Simplemente tenía la necesidad de saber cosas sobre esa persona que le parecía un misterio y a la vez fascinante; como un delicioso bollito de mermelada inalcanzable.
Eso sentía Jean cuando le observaba. Negar que le gustaba hubiera sido una gilipollez, pero eso era diferente. Pero además, era inevitable que alguien no se fijara en el hombre, debía de tener 26 años, tenía el pelo casi negro y unos ojos que se volvían azules intensos o verdes dependiendo de cómo le diera la luz. Y qué decir de la sonrisa que tenía, probablemente la gente no vería más allá de ella, pero Jean pensaba que era muy bonita porque denotaba franqueza y amabilidad. De altura era cuatro dedos más bajo que Jean, y era delgado, pero tampoco excesivamente. Por lo que había sabido, se hacía llamar Eriol.
Y ese era su entretenimiento. Frotar la barra con el estropajo quitando toda la mugre y las salpicaduras de café mientras miraba de reojo al periodista, sin perderse un solo detalle.
_¡Jean!-gritó Silvio, el dueño del bar-¡sirve un capuccino para el señor de la 4!
Tragó saliva lentamente mientras preparaba el capuccino. Eriol siempre se sentaba en la mesa 4, era una de sus costumbres. No podía evitar ponerse nervioso cuando le tocaba servir, sólamente le pasaba con él, pero siempre intentaba aparentar normalidad. ¿Quién se iba a fijar en el camarero gafotas? En su mente, se negaba a hacerse una mínima ilusión en lo que respectaba a él, porque sabía que era inalcanzable, y que sería rematadamente imposible que sintiera algo. Cogió con cuidado el capuccino para no verterlo, y se acercó hacia la mesa donde estaba él dejándolo con el mayor cuidado posible. Sin querer, parte de la espuma cayó a la mesa manchándola, así que, con nerviosismo, cogió el trapo y lo limpió con el mayor cuidado que sus manos le permitían. Ser patoso era, sin duda, su virtud.
_Gracias-sonrió mientras miraba al camarero. Jean sólo pudo devolverle la sonrisa y darse la vuelta maldiciento por lo bajo.
Para olvidarse de la frustración que sentía, se puso a fregar los vasos con rabia mientras Silvio le gritaba que preparara dos bollitos. Pero el camarero tampoco podía imaginarse qué estaba pensando el periodista.
La mesa 4 estaba cerca de la ventana, donde se veía pasar a los transeúntes. Aquél día no pasaba casi nadie debido al frío y a que el cielo estaba encapotado, pero él tampoco se solía fijar mucho. Prefería leer los artículos que escribía para buscar los errores de escritura e intentar mejorarlos. No es que tuviera mucha importancia en ese periódico, sus entradas eran siempre escuetas y puntuales, pero era joven y por algo se empezaba, al menos había tenido mucha más suerte que otros. Cansado y agotado mentalmente, cerró el periódico cuando vio al camarero dejando su capuccino en la mesa. Siempre iba a ese sitio por varias razones, porque estaba cerca de donde vivía, por el capuccino, y por qué negarlo, por el camarero. Le causaba una enorme curiosidad la forma que tenía de actuar, y sobre todo, la forma de ser aunque no hablara casi con él. Sólamente mirando cómo se vestía, uno intuía que era bastante peculiar; aquél día llevaba una camiseta a cuadros con tonos azules arremangada, un jersey sin mangas de pico, unos pantalones de pana negros blanquecinos, las zapatillas de loneta terriblemente viejas y un delantal blanco atado a la cintura mugroso. Siempre llevaba el pelo terriblemente despeinado, no sabía de qué color era, dependiendo de la luz parecía rubio oscuro, castaño o pelirrojo. Solía llevar unas gafas negras tras las cuales tenía unos ojos color azul cielo. Estaba afeitado pero normalmente se dejaba la barba de varios días. Lo que más le gustaba de él, era su sonrisa, sin duda, parecía una persona sencilla con su mera apariencia.
Cuando parte de la espuma salió de su taza no pudo evitar reírse para sus adentros. Seguro que no era tan patoso como él, que se tropezaba con cualquier piedrecita del camino. Al ver que le devolvía la sonrisa no pudo evitar tener que sacudir la cabeza para no fijarse mucho en sus labios. Era un encaprichamiento tonto y fantasioso, por tanto decidió empezar a quitarse los monos de la cabeza. Se levanté y se acercó hasta la barra mientras sacaba la cartera.
Jean estaba un poco perplejo, había observado que el periodista no había consumido por completo su capuccino. Siguió frotando con fuerza una mancha de mermelada reseca hasta que una voz varonil le obligó a dejar temporalmente sus ocupaciones. Eriol , tendió el dinero esperando a que le devolviera el cambio.
_¿no le ha gustado el capuccino?-preguntó Jean mientras depositaba el cambio en su mano. No pudo evitar tocar su suave piel mientras se le escapaba un céntimo. Lo cogió rápidamente y lo dejó en su mano-
_Al contrario-sonrió amablemente guardándose el cambio-pero tengo el estómago revuelto, y no me apetece en estos momentos acabármelo. Que tenga un buen día
Jean se quedó un buen rato observando a Eriol salir del bar. En ese momento no pudo evitar preocuparse en su interior, ¿por qué se encontraba mal, le pasará algo, estará enfermo? Hizo una mueca amarga cayendo en la realidad de que alguien como él no tenía derecho a preocuparse por el periodista. "Pero él no tiene por qué saberlo", pensó. Una vocecilla le contestó:"esto te está afectando, ¿qué pasará cuando venga con su pareja?". "Él no tiene pareja", respondió decidido, "y si la tiene será por su felicidad, yo simplemente le observo en la distancia". "Ambos sabemos que no sientes mero encaprichamiento por él"soltó con malicia la voz interior. Estaba decidido a contestarle de malas maneras, cuando Silvio le gritó que preparara un té.
A Eriol no le pasaba nada, no le dolía nada, pero estaba raro. Últimamente se fijaba más de lo normal en el camarero, y hasta una vez le había mirado descaradamente el culo, sin que se diera cuenta, claro. Pero no iba a renunciar a su capuccino porque un camarero haga que piense más de lo normal en él. Así que nada más que acabó su agotador día en la gazzeta sport, volvió como habitual rutina al bar para tomarse un té inglés antes de irse a casa. Eran las once y media de la noche, y le escocían los ojos del cansancio, además, hacía un frío terrible después de que hubiera llovido. Cuando entró en el bar, sintió un agradable calorcillo que emanaba de dentro de éste, y sonrió mientras se sentaba en su habitual mesa. Hoy se le había hecho más tarde que nunca, pero sabía que Silvio no iba a cerrar hasta la noche.
Jean alzó la cabeza del plato que estaba limpiando y le vio allí, sentado. Sólo quedaba una pareja tomándose los últimos bollitos del día y el periodista. Silvio se había tenido que ir pronto por motivos personales, pero como todos los días, al camarero le iba a tocar cerrar el bar. Se acercó como aquella mañana a la habitual mesa.
_¿el té inglés de siempre, señor?-dijo mientras le miraba-
_veo que te lo sabes muy bien..-sonrió asintiendo varias veces-claro, hoy lo necesito más que nunca.
El camarero volvió a la barra preparándole el té mientras varias preguntas le atornillaban la cabeza. ¿Se encontraría ya mejor, o seguiría encontrándose mal? Parecía cansado, tenía alguna que otra ojera y su semblante estaba más relajado de lo normal, pero Jean intentó convencerse de que no era de su incumbencia. Guardó el dinero que le había dado la pareja, cambió el cartel a cerrado para que no entraran más clientes, y se acercó con el té hasta la mesa de Eriol. Como si no fuera dueño de su boca, no pudo evitar preguntar.
_¿Está mejor?-soltó de imprevisto-
El joven periodista frunció el ceño. No se había imaginado por qué le había hecho aquella pregunta hasta que cayó en la cuenta.
_¡Ah!-exclamó sonriendo mientras asentía-sí gracias claro...y por favor, tutéame.
Jean tragó saliva sonriendo al escuchar tal respuesta mientras asentía, y el periodista no pudo evitar sentir una oleada de agradecimiento ante la preocupación del camarero. Aunque se intentaba convencer que todo era meramente cortesía.
_¿Quieres sentarte? No queda nadie, y me aburro un poco-dijo mientras daba un sorbo a su té-
_me encantaría, la verdad, pero he de acabar de colocar los platos..-hizo una mueca mientras suspiraba-es lo que tiene que la gente coma tanto-rió mientras volvía a la barra-
Se hizo un silencio que bien era un tanto incómodo. Ambos pensaban en el otro y en la respuesta al sentarse, uno maldecía tener que acabar su tarea y el otro se maldecía por haber sido tan lanzado. Cuando Jean cogió la taza de té, Eriol se levantó tan rápido que sin darse cuenta tropezaron y la taza se fue al suelo haciéndose añicos. En seguida, el camarero se tiró al suelo cogiendo los trozos con cuidado para no cortarse mientras el otro hacía lo mismo tratando de ayudarle.
_Perdón, soy un patoso..
_no, no, déjamelo a mí, no te preocupes-se levantó cogiendo los trozos que el periodista llevaba en la mano tirándolos a la basura-vete a casa, seguro que estás muy cansado
_sí bueno, tampoco tengo tanta prisa, mañana es mi día de descanso-respondió sin saber por qué había mentido-
_yo voy a cerrar ya...mañana tendré que abrir yo otra vez porque Silvio no puede-dijo mientras se quitaba el delantal blanco y se secaba las manos. Cogió una chaqueta de chándal roja, y empezó a apagar las luces.
Ambos estaban ya fuera del bar y Jean se disponía a bajar la persiana metálica. Eriol le ayudó, pues aquella pesaba mucho de lo vieja que era. Al desviar la vista, vio la camiseta de cuadros levantada y el cinturón de sus pantalones de pana, y no pudo evitar quedarse mirando los calzoncillos que ponían: Star Wars. "Así que es un friki.."pensó mientras sonreía para sus adentros. "Seguro que es todavía más fascinante de lo que aparenta”.
Después de cerrar el bar y de que Jean se pusiera la chaqueta roja, el periodista se puso a reír sin motivo.
_lo sé, no sé compaginar, ¿verdad?
_bueno, no me reía de eso, pero ahora que lo dices, vistes muy raro-soltó mirándole mientras sonreía-
_¿lo dices porque esto es rojo? bueno, es que es la chaqueta de invierno más caliente que tengo, y puestos, como que me da igual del color que sea-dijo sonriendo mientras se encogía de hombros-
_desde luego, hoy hace un frío de muerte, ¡joder!-exclamó frotándose las manos-
_pues a mí me encanta el frío-dijo risueño-por eso en parte, echo de menos Francia, aunque no más que Escocia
_¿has estado en esos sitios?-dijo frunciendo el ceño-
_soy mitad y mitad de esos sitios-respondió mientras se metía las manos en los bolsillos-
Eriol decidió no seguir preguntando. Aquello suponía meterse en la vida del camarero, y no iba a hacer eso, no quería incomodarlo a pesar de la curiosidad que sentía. Jean se quitó las gafas y las guardó en el bolsillo.
_¿no necesitas gafas?-alzó una ceja pensativo-
_sólamente cuando trabajo, en lo demás me veo bastante bien, creo
Charlaron durante un rato mientras caminaban. El tema era trivial, del tiempo, del fútbol, del periódico donde trabajaba Eriol. Sin embargo, conforme hablaban se iban acercando al terreno personal. Otros se hubieran sentido incómodos, pero ellos se sentían como si fueran amigos de toda la vida, como si hubieran conectado desde el principio. Aunque cada uno sabía, en su furo interno, que no era sólo por amistad, porque aquello empezaba a irse más lejos de la atracción mutua, hasta que llegaron a un punto medio donde cada uno se tuvo que ir hacia su casa. Se sentían ambos pletóricos, porque la curiosidad empezaba a convertirse en fascinación.
Durante varias noches seguidas, Eriol se quedaba a aquellas horas aposta para compartir camino con el camarero. Si le tocaba ir a la gazzeta sport, lo único que deseaba era que pasara rápido el día y así poder compartir aquél poco tiempo con el camarero para charlar. Jean, solía sentir que el día se le hacía más farragoso de lo normal únicamente deseando a que el periodista apareciera por el bar, sobre todo por la noche. Ahora, no sólamente se saludaban cuando estaban dentro, sino que compartían varias palabras. A la noche, caminaban por las solitarias calles de Roma hablando de diversos temas, como si fuera ya una rutina
Y llevaban así más de una semana, hasta que llegó un día que Eriol estaba tan absorto en lo que le decía su amigo, que cuando se dieron cuenta, se había parado en frente de un viejo edificio de siete plantas. Era casi negro aunque la pintura de la fachada fuera blanca, pero en Roma, que hay tantos coches, es casi imposible que no se enguarre todo con el humo que desprenden y de la propia suciedad de la calle.
_aquí vivo yo-dijo Jean mientras ladeaba la cabeza mirándole. Parecía que iba a decir algo porque abrió la boca, pero frunció el ceño mientras se rascaba la nuca-
_Ibas a decirme algo, ¿verdad?-le miró con curiosidad-
"No se lo digas...él tiene cosas mejores que hacer que estar contigo"le decía su vocecilla interior.
_Bueno...iba a decirte si querías subir..la conversación que estábamos teniendo era bastante interesante...y no sé...no pienses que es por nada malo, es sólo que me caes muy bien y eso...pero bueno, no hace falta, estás cansado y querrás dormir evidentemente-dijo mirando fijamente a una papelera, riéndose con ganas después-olvídalo, claro que no quieres
Eriol recibió aquello de sopetón. No se lo esperaba ni de lejos, pero al escucharlo no pudo evitar sonreír. Qué pregunta más idiota, pensaba, ¡¡pues claro que quiero!! . En eso momento nada le gustaba más que estar charlando con él tranquilamente
El camarero estaba apretando los dientes con fuerza. Nunca en su vida había soltado tantas incoherencias en un solo momento, y se sentía asqueado ante su falta de expresión. Sin embargo, la respuesta de su nuevo amigo le dejó terriblemente sorprendido.
_Claro que sí, ahora estábamos llegando a lo más interesante del tema. ¿Beatles o Rolling?
Jean no pudo evitar sentirse eufórico, y rebuscó en el bolsillo sacando unas llaves. Entraron en el viejo y pequeño ascensor charlando animadamente sobre la música, hasta que llegaron arriba del todo.
_Sabes-dijo Jean con una mueca abriendo la puerta-odio las alturas, y sin embargo, vivo en un séptimo...¿no te parece gracioso? te aviso que la casa está hecha un desastre
Primero entró el camarero y después el periodista, observando todo con detenimiento cuando Jean encendió la bombilla de arriba. Era un piso pequeño con tres habitaciones que daba a un deslunado. La primera era un salón donde había dos viejos sofás, una tele con la antena pegada con cinta adhesiva, un piano viejo lleno de papeles, una mesilla en medio con libros, y una cortina donde estaba detrás una enana cocinilla. En un rincón de la habitación, había un escritorio y una estantería bastante grande repleta al completo de más libros de todos los tamaños. Al fondo, una puerta entreabierta vislumbraba su habitación. La cama estaba deshecha, y la pared llena de pósters variados, tanto de star wars como grupos de música de los 80 y actuales. En la otra habitación dedujo que estaba el baño.
_¡¡Nito!!-exclamó Jean cogiendo a una pequeña y peluda bola del suelo-
_¿Es tu perro?-preguntó acercándose
_Sí...y un gran amigo-sonrió dando un beso a su cabeza. Se acercó al sofá quitando varios libros que habían.-Siéntate anda, no te quedes de pie…siento que esté todo hecho un desastre, pero no tengo mucho tiempo para asearlo sabes.
_No te preocupes-negó leyendo el título de un libro. "anatomía del cuerpo humano"-
_¿Quieres comer tortilla de patatas?¿o una cerveza? yo me muero del hambre-soltó rebuscando en la nevera-
_Una cerveza estaría muy bien, gracias
_Toma, aquí tienes-dijo dejando una cerveza en la mesilla mientras cogía un bocadillo que se había hecho de tortilla. Empezó a comer con avidez, muestra de que estaba hambriento.
Jean estaba bastante nervioso. No sabía la imagen que podía tener de él al ver su piso, pero tampoco podía permitirse el lujo de nada más. Sabía que, como decía Sting en una de sus canciones, uno debía ser como es y no hacer caso de los demás.
_Dime Jean...¿Por qué tienes libros de anatomía?-le miró pegando un trago a su cerveza mientras el camarero tragaba para poder hablar-
_La respuesta es larga, tiene que ver con mi historia, y no quiero aburrirte-negó mientras se acababa el bocadillo-
_No me aburres, en absoluto, me fascinas-respondió sorprendido hasta sí mismo de lo que había hecho. Jean tragó lo que había masticado al escucharle mientras fruncía el ceño-
_Verás..-dijo dándole un trago a su cerveza-yo antes vivía con mis padres y mis dos hermanos en una casita al norte de Escocia. Bueno, estaba también con mis tíos y con mis primos, mi padre como es de allí trabajaba con mi tío cerca, pero no ganaba nada-negó varias veces-así que en cuanto le salió trabajo en Francia, no dudó en irse. Al principio lo odié porque empezaba el instituto, no tenía amigos, sabía francés porque mi madre es francesa pero aun así, no me gustaba aquél sitio. Tuve que hacerme a la idea, porque era lo que tocaba y debía apechugar con ello. Conseguí hacerme poco a poco y tener amigos, pero cuando iba a pasar a la universidad, no pude. Había llegado más lejos que mis hermanos, que se habían dejado los estudios, pero cuando me tocó la universidad me dijo mi padre: "hijo, has llegado muy lejos y tienes muy buenas notas, pero no te puedo pagar la universidad, y menos medicina, son demasiados años". Así que trabajé durante dos años en el estanco de mi hermano hasta que me cansé, cogí lo que había ahorrado, y me vine aquí, a Roma. Este piso fue una ganga, y dentro de lo que cabe, los casi mil euros que cobro no están mal. Sólo que un tercio se va en el piso, el otro va para mis padres porque la pensión que cobran es nefasta, y de lo que sobra como y vivo, e intento ahorrar por si algún día consigo meterme en la universidad o algo así, o si encuentro alguna beca, o yo qué sé. Pero he perdido bastante las esperanzas.
Eriol escuchó aquella historia totalmente conmovido, sin perderse ni un gesto ni ningún detalle que hacía Jean. Se dio cuenta de que llevaba demasiado tiempo mirándole a los ojos y desvió la mirada hacia el piano.
_Te preguntarás por qué el piano-dijo levantándose del sofá mientras dejaba el plato en el fregadero-tuve un amigo que me enseñó a tocarlo en Francia, y no se me da tan mal, aunque parte de mis ahorros se fueron en comprarlo, y eso que es de segunda mano-se volvió a sentar donde antes mirándole-siento haberte aburrido con mi historia pero...
_yo-le cortó antes de que siguiera-tengo un hermano y una hermana. Mi padre está retirado pero era obrero. Trabajaba haciendo horas extra para que así al menos pudiéramos ir a la universidad. Siempre me ha encantado el periodismo, y al acabar, conseguí que gracias a mis notas y a un trabajo me ofrecieran un empleo en la gazzeta sport. Estoy bastante contento porque me ha costado mucho, y me gusta haber empezado tan bien.
Jean no pudo evitar sonreír al escucharle. Sin duda la gazzeta sport había hecho muy bien en ofrecerle aquél empleo a Eriol.
_Te admiro. Has conseguido tu sueño y además..no sé, pareces una persona maravillosa
Eriol se atragantó con el último trago de cerveza al escucharle. ¿Había escuchado bien?¿o había sido todo un mero lapsus? No le dio tiempo a pensar mucho, en seguida Jean sacó un paquete de marlbolo lights y se encenció uno.
_No sabía que fumaras-frunció el ceño sacándose su paquete de camel-
_no fumo casi nada, uno después de comer o de cenar, con lo asquerosos que son se me quitan las ganas. Lights para hacer dieta y encima mal fabricados...estoy haciendo la dieta del cigarrillo-suelta una carcajada-
_entonces te quedarías delgado y no se te marcarían los musculitos-bromeó haciéndole cejas-
_tienes razón..-se rascó la barbilla mientras echaba el humo no lo había pensado bien. Miró el reloj y abrió bastante los ojos-no es por alarmarte pero es la una de la madrugada...
_¿tan tarde?-exclamó levantándose de un salto del sofá-me voy a tener que ir..-dijo mientras Jean se levantaba y se acercaba a él-
_y yo voy a tener que dormir..eso de levantarme a las cinco y media me sigue costando-sonrió mientras le abría la puerta-me ha encantado poder hablar contigo
_y a mí Jean, no lo dudes-respondió sonriendo mientras salía del piso-
Cuando Jean cerró la puerta tuvo que apoyarse contra ésta y tranquilizarse. Estaba bastante nervioso todavía a pesar de que se hubiera ido. Respiró hondo varias veces cerrando los ojos, hasta que se hubo calmado de todo, y lanzó las zapatillas, se quitó toda la ropa, y se metió en la cama en calzoncillos con nito a su lado. No podía dormirse, cada vez que lo intentaba le venía a la mente la imagen de Eriol. ¿Era posible que él sintiera algo? Se había interesado por su historia, sin perderse nada y..¡nah! simplemente es un buen amigo. Nada más, pensó antes de conseguir dormirse.
Eriol llegó a su casa exahusto. Estaba hecho polvo pero bastante contento por haber podido hablar con él. Se le había pasado el tiempo volando al lado de Jean, y no cambiaría esas horas de sueño por nada del mundo. Se metió en la cama preguntándose si alguna vez sería capaz de sentir algo por él.
Al día siguiente, Jean se despertó puntualmente a las cinco y media. No había dormido casi nada y estaba cansado mentalmente, pero se acordó de que era sábado y tenía la tarde libre. Se vistió, se duchó, y después de darle un trago a un brick de zumo, bajó a nito a que diera una vuelta. Cuando acabó, se fue y entró en el bar al ver que Silvio había abierto. Se colocó el delantal blanco, y empezó como todos los días. Eriol apareció a la hora de siempre, y no pudo evitar sonreirle a Jean.
_¿Hoy también sales a la noche?-preguntó sentándose en la barra por primera vez desde que iba al bar-
_no-negó Jean mientras pasaba el trapo a ésta-hoy acabo a mediodía, esta tarde y mañana son cuando libro
_¿te gustaría hacer algo conmigo?-preguntó Eriol. Lo había pensado mucho, y tampoco tenía nada malo-
_Me encantaría-respondió sonriendo al escucharle-
Aprovechando que hacía un día más o menos agradable, dieron un paseo por Roma. Charlaron animadamente durante horas, comieron burritos y merendaron un enorme helado de chocolate. Además, mascaron regaliz y le dieron de comer a las palomas. Rieron mucho y se lo pasaron como hacía mucho que no se lo pasaban, como si hubieran perdido la noción del tiempo y simplemente se hubieran dejado llevar. Al caer la noche, se acercaron a casa del periodista dado que era la que más cerca pillaba. Se quedaron un rato mirándose hasta que se decidió a hablar él.
_¿te gustaría subir a mi piso?-le preguntó sin dejar de mirarle-no me molesta, antes de que lo digas
_claro que me gustaría-sonrió sin pensarlo dos veces-
El piso de Eriol era más grande que el de Jean. Tampoco estaba muy ordenado pero sí mucho más cuidado. Jean lo observó todo con detenimiento, hasta que algo le sacó de sus pensamientos
_¡Joder!-exclamó Eriol a punto de caerse al suelo-
El camarero fue corriendo a ayudarle, consiguiendo que no se cayera, pero perdió el equilibrio aterrizando con la cara en el suelo de mármol.
_¡¡Jean!!-se arrodilló corriendo a su lado-¿estás bien?
Se levantó como pudo del suelo mientras asentía, pero Eriol hizo una mueca. Tenía sangre en el labio y en la nariz y la mejilla izquierda se estaba empezando a hinchar.
_¿Te duele? Te has dado un porrazo enorme..-dijo poniéndole hielo que había traído-
_Sí, sí, es sólo que soy muy patoso..-susurró sonriendo de lado y haciendo una mueca de dolor-
Acto seguido, el periodista fue curándole el labio y quitándole la sangre que tenía por la cara. Se hizo tardísimo, por lo que Jean quería volver a casa, pero Eriol se negó en rotundo. Le dijo que debía quedarse en el sofá y que ahora no estaba para caminar. No supo cómo pero le convenció a la primera, y Jean que no tenía intención de irse de su lado, aceptó.
Le trajo varias mantas para que no cogiera frío, y se fue a cambiarse de ropa. No podía quitarse de la mente que Jean estaba tumbado en su sofá, durmiendo. Presa de la curiosidad, se acercó lentamente sin hacer ruido a donde estaba él.
Dormía tranquilamente con los brazos sacados. No llevaba la camisa puesta, ni el jersey. Tenía cara de angelito, pensó sonriendo. Entonces, hizo algo que nunca hubiera hecho, se acercó a sus labios y cuando iba a besarle, se apartó. Pero antes de que lo hubiera podido hacer completamente, Jean le cogió de las mejillas y le besó.
Cuando el periodista se levantó del sofá, Jean ya no estaba. Era bastante tarde, pero no sabía por qué se había ido. ¿Miedo? Fuera como fuera, se vistió y fue corriendo hasta el bar para saber dónde demonios se había metido.
_¡¡Jean!!-exclamó cuando le vio frotando la barra. Nada más verle, agachó la cabeza dejando el trapo-¿por qué te has ido?¿no era tu día libre?
_Silvio me llamó...-murmuró sin mirarle-
_¿Qué te pasa?¿Por qué te has...?-se pasó una mano por la cara negando-te arrepientes
_¡no!-gruñó lanzando con rabia el trapo-no es que me arrepienta, es que debería haber sido con alguien hacia el que sientas sentimientos, no con cualquiera
_Eso ya lo he hecho Jean
El camarero alzó la cabeza perplejo ante lo que había escuchado. ¿Tenía cera en los oídos? En aquél momento no lo sabía bien.
_¿Cómo, qué..?-balbuceó-
_ni más ni menos que lo que he dicho-sentenció mirándole-
Pasaron varios meses donde ambos estuvieron juntos como pareja. Sin duda pensaban que ahora era el momento de la vida donde tocaba disfrutar y ser felices sin importar nada que pudiera fastidiarlo. A veces discutían pero era todo sobre chorradas que se pasaban al momento. Compaginaban bien su día a día para poder estar juntos a pesar de que estuvieran ambos muy ocupados.
Un buen día estaban en casa de Eriol charlando animadamente, cuando se levantó del sofá.
_Tengo que enseñarte algo..-sonrió mientras estiraba un enorme sobre hacia él-
_¿qué es eso?-cogió el sobre abriéndolo y sacando los papeles. Al leer lo que ponía, se quedó con la cara como el papel-
_Jean...¿estás bien?-susurró preocupado-
Jean tragó saliva varias veces. Delante suya tenía los papeles de una beca para meterse en la universidad. No, definitivamente, aquello no le estaba pasando a él. Tenía en sus manos la opción de ser feliz del todo. Pero tampoco podía aceptarla, no podía.
_no puedo Eriol...-suspiró largamente metiendo los papeles dentro del sobre mientras se los daba, mientras su novio se quedaba perplejo-
_¿cómo que no puedes? te estoy ofreciendo hacer realidad tu sueño...¿cómo que no puedes?-replicó-
_¡no puedo porque no lo he conseguido por méritos propios!¡no sé cómo lo has conseguido, pero sea como sea no soy merecedor de esa maldita beca!-gruñó levantándose-
_¿se puede saber qué te pasa?¿te consigo una beca y me lo pagas de esa manera?¿diciéndome que no lo tienes por méritos propios?¡pues sabes, te voy a decir algo, nunca he entendido tu afán y tu amor por infravalorarte e intentar demostrar que todo lo que obtienes y consigues no sirve ni tiene mérito para nada!¡Estoy muy cansado de esas malditas gilipolleces tuyas!
_¡y yo estoy harto de que cada dos por tres te preocupes de lo que piensa la gente!-gritó con furia-¡nunca entenderé para qué cojones me dices eso si luego el que más se infravalora y el que más importancia le da a lo que dicen los demás eres tú!
_¡¡Me voy y ya hablaremos!!-gritó yendo hacia la puerta. Jean soltó una carcajada sarcástica acercándose donde él mientras la abría-
_Me voy yo, a MI casa, que esta es la tuya-soltó cerrándola de un portazo-
Mientras Jean caminaba hacia su casa, se sentía un gilipollas, un enorme y completo gilipollas. Había discutido con quien más le importaba porque era un cagado, un cagado en lo que respectaba a todo lo que pensara que no era por obtención propia. Se sentía dolido y terriblemente mal, por eso se pasó la noche encima de la cama sin moverse mientras miraba al techo y fumaba sus asquerosos marlbolo light acabándose la cajetilla antes de lo que tocaba.
Eriol, por su parte, estaba también tumbado en la cama, hecho un ovillo. No entendía cómo podían haber acabado así por una beca, cómo podían haberse soltado burradas que ni siquiera pensaban. Pero pensó que quizás lo mejor era que las cosas fluyeran, y que ya el curso del río decidiría qué hacer con ellos, si volvían o si, en cambio, el destino quería tenerlos separados porque así correspondía. Sin embargo, no tuvo en cuenta los planes que el camarero había hecho aquella noche, mientras daba vueltas encima de la cama.
Jean pidió permiso a Silvio para no ir al bar alegando que se encontraba con jaqueca y dolor de estómago. Eriol, no se atrevió a ir al bar sólamente porque no quería ir para encontrarse a Jean. Se pasó todo el día en el periódico intentando mantener su mente lo más ocupada posible para evitar pensar, porque cada vez que lo hacía sentía una opresión en el pecho, y, sinceramente, prefería no sentirla. Al caer la noche, se fue directamente a la cama sin ni siquiera haber cenado, cerrando los ojos con fuerza.
Mientras Eriol intentaba luchar para dormir, Jean no hacía más que caminar por su salón nervioso, ensayando millones de discursos. "joder... ¡joder!", pensó. "¿Y si me rechaza, qué hago?"...Negó varias veces. Se negaba en rotundo a intentar pensar eso, porque entonces, se pondría más nervioso. Mañana se lo diría, así lo iba a hacer. Se metió en la cama y empezó a tararear una canción para relajarse."¡Joder!". Era lo único que le venía a la mente. Harto de dar vueltas, se levantó de la cama, se puso los pantalones y la chaqueta sin plantarse las zapatillas ni la camisa, cogió las llaves y salió corriendo hacia la casa del periodista.
Llovía como si diluviara, y el camarero tenía que luchar para no pegarse porrazos contra el suelo cuando se resbalaba. Los calcetines de rombos amarillos y rojos de lana, estaban empapados, y por el agujero del dedo gordo le entraba más agua de lo normal. Ya estaba calado hasta los huesos, pero a él le daba igual el frío y la lluvia, sólamente quería llegar a su casa cuanto antes. Subió aprovechando que el portal estaba abierto, y se paró en frente de la puerta. Estaba a punto de tocar cuando se abrió de sopetón, y se quedó paralítico.
Eriol estaba parado en frente de una joven muy guapa, mientras sonreían. El camarero se quedó sin respiración, sin saber bien qué demonios hacer, si irse antes de que le viera, o qué. Pero fue demasiado tarde, en seguida al periodista se le borró la sonrisa. "¿Qué hacía Jean aquí?"
_creo que..Me voy..-balbuceó agachando la cabeza, terriblemente avergonzado. Eriol, que se imaginaba por qué había dicho eso, resolvió la duda de éste.
_Jean, esta es mi prima Lizzy-dijo mientras la miraba-no sé si te acuerdas del día de Nochebuena, llevaba el pelo rojo
Jean alzó al momento la mirada sonriendo levemente mientras asentía. Buff...qué alivio, por un momento se había imaginado cosas que no eran.
_Son las dos y media, y me tengo que ir a casa tete..-dijo su prima besando su mejilla-ya hablamos cuando a mi madre se le antoje venir a Roma..un placer de nuevo Jean-sonrió guiñando un ojo mientras salía del piso-
Eriol tragó saliva mientras le miraba fijamente. Sin duda se debía de haber recorrido las calles tal cual estaba, entre lo mojado que estaba y la poca ropa que llevaba..ni siquiera las zapatillas. Jean estornudó mientras se pasaba una mano por el pelo, despegándoselo de la cabeza
_Jean, ¿por qué no..?
_Eriol-le cortó al momento-ahora es mi momento, así que escúchame bien...he estado pensando y dándole vueltas, nunca en mi vida había pensado tanto, créeme, ni siquiera he podido dormir, y he llegado a la conclusión de que tenías toda la razón. Seguramente será demasiado tarde porque habrás tirado la beca, pero no me importa, eso me ha hecho ver que necesito algo más importante en mi vida y es..a ti. Sé que te parecerá muy raro, precipitado, no sé qué demonios te parecerá, pero yo necesitaba preguntártelo, porque si no, iba a explotar...-dijo arrodillándose mientras sacaba una cajita-me he gastado la mitad de mis ahorros en esto y me ha costado encontrar uno que supiera que te iba a gustar, pero bueno, si no quieres no pasa nada, lo devuelvo y me dan el dinero, aunque claro, no te voy a negar que...-estornudó varias veces seguidas. Eriol no pudo evitar reírse por la situación, sin embargo, estaba totalmente emocionado ante lo que Jean le decía-cásate conmigo-soltó finalmente-no soy el hombre más rico del mundo, soy más bien tirando a pobre, y además soy un desastre y muy patoso, pero a cambio, te ofrezco mi corazón y mi amor...aunque espero que sea suficiente para convencerte para que te cases conmigo...bueno...qué me dices-susurró-
El periodista ni siquiera pudo responder. Directamente se arrodilló donde él estaba, y le abrazó intentando que al menos, entrara en calor y no pillara una neumonía
_sí...millones de sí...infinitos de sí...-susurró mientras le abrazaba-y por cierto, aún tengo tu beca guardada.
Jean no pudo evitar sonreír mientras volvía a estornudar. Ahora, por fin, las cosas iban a salir bien del todo.

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