This is my brain

dimecres, 8 de desembre del 2010

mente joven

Deslicé las yemas por el grabado de su tumba y suspiré largamente.
Hacía un tiempo de perros, llovía con fuerza y el frío era horrible, pero no quería irme de allí, no ahora. Pasé una mano por mi cara tratando de quitarme las gotas de la lluvia para ver mejor, pero no sirvió de nada, quizás debía ser porque había llorado. Recoloqué las flores que le había traído, y me tumbé a su lado.
La gente que hubiera pasado no habría entendido qué hacía un "caballero" tumbado al lado de una tumba un crepúsculo de fuerte tormenta. Sabía que mi tía estaría buscándome y que el primer lugar al que acudiría era a ése, pero tampoco tenía ganas de irme de allí. Me gustaba visitar a mi madre de vez en cuando y hoy la necesitaba más que nunca, pero lamentablemente no estaba para darme sus consejos o para abrazarme cuando lo necesitaba. Arranqué la hiedra que se estaba apoderando de su lápida y me quedé leyendo lo que ponía :"Ton fills jamais t'oublie et en son mémoire perdurerai...". Me pesaban los párpados, los tenía doloridos, así que me acurruqué para entrar un poco en calor mientras el sueño me invadía poco a poco...
Flasback
Es primavera y hace buen tiempo. Hoy era día de cosecha y ese día siempre estábamos alegres. Pero la tristeza se había apoderado de mí.
Debía de ser una pesadilla. Ayer mi madre estaba enfadada conmigo y con Pierre por las abejas. No puede ser que hoy no esté, no puede ser. Quiero despertarme, por qué no puedo...POR QUÉ.
Ahí estábamos los tres, vestidos con la mejor ropa que teníamos, observando atónitos la tumba de mis padres, frente a nuestra vieja granja de madera. La incesante lluvia de anoche había dejado todo el terreno enfangado y asqueroso, todo el huerto de trigo se había echado a perder. Pero en aquél momento todo nos daba igual, nada nos importaba. Ninguno de nosotros se podía creer que de la noche a la mañana hubiéramos pasado de estar todos juntos a luego ser huérfanos. ¿Quién nos cuidaría?.
Ni siquiera sé cómo me siento. Estoy destrozado pero no me lo puedo creer. No, esto es una broma, no pueden haberse muerto, no..
Mi vecina, la noble a la que mi padre pasaba trigo, está a mi lado hablándome. Dice que no pasa nada, que no me preocupe, que todo saldrá bien y que vendrá mi tía para cuidarnos. ¿Que no pasaba nada? ¿y quién demonios era mi tía? Yo no tengo ninguna tía, yo tengo a mis padres que estarán dejando a las obejas en su sitio.
Y aunque no me lo crea, ahí estoy, en el entierro de ellos. Sé que Pierre está llorando con fuerza porque aunque no le vea respira entrecortadamente. Alan también llora, pero lo hace en silencio. Yo no lloro y no sé por qué. Me siento vacío por dentro, pero no me quedan lágrimas. Nada más el cura acaba y empiezan a enterrarlos, vino una señora mayor con cara huesuda sonriendo con malicida. Cogió a Pierre y a Alan del brazo y los metió dentro de un carruaje. Ellos ni protestaron, se dejaron llevar a trompicones por las lágrimas. Me arrodillé delante de los ataúdes de madera que estaban llenando de barro, y noté una mano que me agarraba con fuerza del brazo. Alcé la vista hasta encontrarme con mi vieja tía que me sonreía desdeñosamente. Empezó a forcejear para que me levantara, pero yo no quería irme de allí. Me arrastró por el suelo blasfemando, gritando que menudo niño más maleducado, y el cura que estaba escandalizado empezó a rezar por si el demonio había aparecido. Yo me rebolqué en el suelo para que soltara su huesuda mano de mi brazo mientras llenaba mi traje de barro. Mi tía se quedó mirándome atónita, y aproveché para levantarme y salir por patas de allí. Siempre había sido el más pequeño y delgado, pero el que más corría era yo. Salió detrás mía intentando alcanzarme con sus cortas piernas, pero ya era demasiado tarde:
_¡Maldito crío
! ¡Prepárate, porque te vas a ir conmigo quieras o no!
Dejé de correr cuando había llegado a la zona de los árboles. Sin fuerzas me dejé caer al suelo y me puse a llorar sin poder evitarlo.
No sé cuánto tiempo pasó, pero me debí quedar dormido. Me desperté sobresaltado en una cama de dosel, y miré todo horrorizado. Una habitación con altos techos, espaciosa, una lámpara de aceite en una mesilla de madera...¿dónde estaba? Me levanté corriendo en busca de una cara conocida, y bajé las anchas escaleras de caracol hasta el piso infierior. Tenía los pies congelados por el frío mármol del suelo, y al alzar la cabeza me topé con unas enormes lámparas colgantes sobrecargadas de pequeños cristales.
_Al fin despertaste Jean
Reconocí la aguda y estridente voz de mi tía a mis espaldas. Me giré temeroso, y clavó sus fríos y vacíos ojos grises en los míos.
_Nada de juegos. Nada de risas ni de tonterías. Aprenderás a ser un caballero y un noble respetadoy con carácter. No te quitaré la vista de encima, tú eres el más infantil e imaginativo, eso es sinónimo de peligro. Que Dios me ayude a llevarte por la buena senda, mano dura tendrás hijo mío.
Fin del Flasback
Me desperté porque alguien me había acercado una lámpara a la cara. Abrí los ojos lentamente y me topé con la cara del cochero sonriendo
_Al fin le encuentro señorito Ashford. Más le vale que vuelva pronto a casa porque ya ha anochecido. Su tía se llevará un disgusto pues su profesor de piano se ha ido indignado con su comportamiento. Fíjese cómo lleva el traje...Debería darle vergüenza y estar más agradecido hacia ella, y más que quiera meterle en la parroquia como cura...
El cochero siguió parloteando para él mismo. Volví a echar un vistazo a la tumba de mi madre y luego a la de mi padre. No sólo les había perdido a ellos y mi propia infancia, sino que además había perdido mi sueño de ser médico rural. Tenía razón el hombre, había anochecido pero seguía lloviendo con fuerza. Estornudé y me toqué la frente. Estaba ardiendo, pero ya me daba todo igual. El hombre me cogió con fuerza del brazo tirando de él, y me metió dentro del carro. Apoyé la mejilla en el frío cristal mientras los caballos avanzaban por el camino, y miré por última vez sus tumbas antes de perderme por el bosque.

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