Caminaba por un pasillo oscuro andando lentamente. Mientras caminaba, podía oír la costosa respiración que llevaba a causa del fuerte catarro que tenía, el poco oxígeno que llegaba a mis pulmones me afixiaba y notaba el bombardeo estridente de mi corazón en los oídos que me pitaban con fuerza. Era como un sueño, miraba fijamente un punto perdido en el horizonte. Tenía la sensación de estar flotando, notaba mis pies aligerados en el suelo, como plumas que se lleva el viento. Ni siquiera sentía estar despierto, mi cuerpo estaba fatigado y cansado, sólamente quería irme a la cama a descansar, pero por más que caminaba el pasillo era más y más largo, un túnel sin salida. Ralenticé mi paso apoyándome en la fría pared, mi cuerpo estaba entumecido a causa de la humedad y la frente me ardía por la fiebre. Me froté los brazos intentando darme calor, pero aterricé en el suelo sin fuerzas. Cuando me di cuenta las paredes empezaron a cerrarse, me levanté como pude y eché a correr. Cada vez el espacio era más y más pequeño, me estampaba en la pared a causa de mis propios delirios, el corazón se me salía del pecho y no podía respirar para nada. Finalmente, las paredes se cerraron chafándome contra ellas y yo sólo pude gritar del dolor..
Me levanté de un salto de la cama y me sequé la frente del sudor. Sabía que iba a volver a tener esa pesadilla porque siempre volvía, era algo cíclico que atormentaba mis noches de sueño. Caminé hacia el baño arrastrando los pies en el frío mármol, llegué hasta el baño y me lavé la cara intentando despejarme, pero no podía evitar que las imágenes volvieran a mi cabeza.
Y todo ello tenía un simple motivo, todo era tan sencillo como aquella respuesta. Volví a mi habitación para ver la cama totalmente vacía y reí sin ganas. ¿Simple respuesta? De simple no tenía nada, era más complejo de lo que parecía. Estaba solo de nuevo, no había nadie a mi lado que simplemente me abrazara mientras dormía por las noches, y todo por una simple tontería, una chorrada de la vida que hace que te enfades con una persona y al cabo te arrepientas de soltar una sarta de burraras sin sentido y sin fundamento. Y ahí estaba yo, a las 4:30 de la mañana mirando una cama vacía que probablemente estaba de nuevo congelada.
Sin embargo, a pesar de ser la hora que era, salí disparado de mi casa y salí a la solitaria noche a arreglar aquella estupidez. Probablemente lo fuera, pero para mí esa persona era todo, y por culpa de aquello no podía dormir, porque sabía que estaba solo de nuevo y que nadie me susurraría un simple "buenas noches cariño".
Y así es como 24 horas después, miraba el reloj de otra manera. Esta vez no era por falta de sueño, esta vez era por felicidad. Ya volvía a dormir porque simplemente ya le tenía a él de nuevo, a mi vida.
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