This is my brain

diumenge, 8 de maig del 2011

JAOA

Hubo una vez un hombre distinto, un hombre grillado, el hombre viceversa o como todos le llamaban, cever.
Su nombre real no era Cever, pero nadie lo sabía. Cev vivía en la cosmopolita ciudad de New York, y era un hombre singular. Cuando llovía iba sin paraguas para "sentir las gotas deslizarse por la epidermis", cuando hacía sol llevaba paraguas, "para tentar a la mala suerte" decía. Si nevaba él iba con pantalones cortos para "sentir el aire fresco matutino en mis piernas", y si hacía calor "chaqueta para activar la transpiración de la piel"
Nadie le entendía ni sabía qué le había llevado a aquél estado de locura. Se dedicaba a caminar por Times Square y recorrer todos los parques por la mañana cantando cada día una canción diferente. Subía encima de los bancos como si estuviera en un videoclip y se ponía a cantar con fuerza. La gente le solía decir que por qué cantaba y armaba el espectáculo de esa manera, a lo que él respondía:
_No hay mayor placer que levantarse de un salto, cruzar el mundo corriendo y reproducir el delicioso sonido de un contrabajo y de un piano. Lo bonito del mundo es encontrar las sextas napolitanas de la vida, vamos por el mundo pasando delante de escaparates, coches y gente y no nos paramos ni un segundo a pensar en los pequeño detalles, por tanto, ¿cómo vamos a saber quiénes somos nosotros mismos?
Nadie solía contestar a sus enrevesadas respuestas. Decían que cever desayunaba cuando tocaba cenar y que comía cuando había que merendar. La gente pensaba que él debía estar en un manicomio.
_¿Qué dices?Las estructuras fueron creadas para decir cómo podrían ser las cosas, sólo de nosotros depende seguirlas o no, sólo de nosotros depende seguir un mundo cuadrático o en cambio pasarte al circular donde sabes que no hay nadie, pero, ¿por qué ser un cuadrado si también puedo ser un círculo?Es como los caminos de la vida, cada uno escoge qué figura quiere ser.
Y ciertamente Cever era un círculo por completo. Un día, cuando cantaba una canción de los años 80, una señora se le acercó preguntándole que si se le había ido la olla:
_Señora, yo soy el perro que puede ver los colores del arco íris.
_¿Perdone?
_Los perros son daltónicos, ¿no lo sabía? Por su cara incrédula apostaría que no...Yo veo formas, colorines, palabras, sentimientos y muchas más cosas en una simple nota. La gente dice que las notas sólamente entran por el oído, yo afirmo que no...¿Ve?A los perros que ven el arco íris no se les cree y acaban en un manicomio, la diferencia entre ellos y yo es que lo mío sería más escandaloso ciertamente..
Y Cever tenía razón. Él mismo era feliz con su propia vida y decía que muchos de los transeúntes que caminaban por aquellas calles iban deprisa y con el ceño fruncido.
_Ni siquiera tienen el placer de comer-le decía un día Cever a una paloma-no se paran a saborear la comida, mastican y tragan como papagayos, como babuinos. No sueñan sabes paloma, y el río con el caudal más abundante es la imaginación, la imaginación nos abre puertas hacia lo más insospechado, ¿qué haríamos sin valentes guerreros que matan a mounstros con calcetines malolientes?nada de nada. Una persona con imaginación es la que de verdad sabe cuánto vale un pincel en su propio mundo, saben parar por un segundo, subir a las nubes y volver a bajar al mundo real.
Cever fue haciéndose mayor poco a poco. No tenía familia y amigos prácticamente inexistentes excepto a sí mismo. Era solitario, y sabía que se iba a morir pronto. Muchas veces hablaba con los pájaros que veía mientras caminaba y les solía decir:
_El día que no esté batiré las alas como vosotras, surcaré el mundo alma viva volando a la velocidad del sonido...
Y llegó el día. De tanto estar bajo la lluvia cogió un catarro que se le complicó severamente. Le querían arrancar de su cama, pero él decía que quería morir en su propio mundo, "no conseguiréis que baje" decía. Sus últimos segundos los pasó delirando, y justamente cuando un trueno cayó sobre su casa, alzó el puño y susurró:
_I'm the last Omega in a latin world

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