This is my brain

diumenge, 1 de maig del 2011

well..

Cartas de un sitio lejano
el tiempo es demasiado incierto. Piensas que las cosas irán a bien y eres positivo, miras al futuro y ves un camino libre de piedras, te ves con fuerzas para superarlas todas. Pero la verdad es que ahora mismo lo único que veo es negro y más negro...
Hoy estoy de nuevo sentado donde hacía mucho tiempo que no estaba. Quizás lo más penoso era que estaba solo, aunque en ese momento agradecía estarlo, me sentía demasiado frustrado por dentro para compartirlo con alguien, y sabía que nadie me entendería, y menos que lo intentaran entender. Había tocado fondo en un pozo tan negro que no veía manera posible de intentar salir con facilidad esta vez de allí. Siempre necesitaba de esa cuerda fuerte para salir de ella pero esta vez no la veía, y la buscaba desesperadamente...
Fuera como fuera yo estaba de nuevo en mi vieja casa, esa casa de madera estancada en mitad de un árbol que siempre me gustó por sus vistas. Sentado en una silla mirando a través de una ventana, me había prohibido tajantemente entrar en mi habitación. Era una forma desesperada de intentar cortar el dolor exterior para así no sentirme de nuevo un fracaso. Tal cual, como si te hubieran cogido el corazón, lo hubieran cortado en trocitos pequeños y te lo hubieran metido así de nuevo dentro. Si lloraba, era sangre de dolor, y ni un buen cirujano sería capaz de coserlo de forma que al menos no doliera tanto. Pero tener la mente ocupada siempre es una buena vía alternativa de esquivar el dolor temporalmente y así olvidarse de la realidad que tanto odiaba para no ponerme peor.
Fuera como fuera, más que triste me sentía lleno de rencor, no hacia alguien, sino hacia mí. Sentía odio profundo hacia el nada en concreto y me estaba llenando de una amargura que ni en mis viejos tiempos hubiera creído que se pudiera superar. Y en cierta manera, necesitaba liberar el veneno que me consumía por dentro lentamente y que hacía que cada vez el vacío fuera mayor. Cogí varias hojas y un boli, y me paré a mirarlas durante unos instantes.
En ellas empecé a ecribir cosas que nunca pensé que escribiría. Cosas que la gente consideraría empalagosas y otras que considerarían demasiado odiosas o pesimistas. Pero aquello era lo que salía de mi interior y yo no escatimaba en frenarlo, simplemente quería liberarlo. Palabras de desesperación y de sentimientos que iban siempre en una misma dirección eran las que llenaron todos aquellos folios de letra menuda apretada y cursiva. Llegó un momento que me quedé sin tinta en el boli, en una palabra que sólo hacía que me escocieran los ojos y que me metieran más los dedos en la herida que tenía sin curar. Metí cada una de las hojas en sobres, los cerré y me fui hasta un enorme acantilado.
Allí, frente al crepúsculo y la enorme cascada que yacía bajo mis pies, decidí enviar aquellas cartas. Cartas que nunca verían la luz, que desaparecerían en cuanto el agua tocara la tinta, cartas que describían demasiado bien cómo me sentía en aquél momento y lo que quería. Pero no iban a tener destinatario, porque la última carta que lo tuvo fue devuelta a mi buzón. Y no sé qué dolió más, saber que había vuelto esa carta, o recibir una negativa de la misma y sentirme como un...Así que poco a poco, cogí cada una de las cartas y las fui lanzando poco a poco a la nada. Cuando acabé, me quedé fijando al suelo y decidí que ya no pintaba nada allí, me volví de nuevo a mi vieja casa buscando algo nuevo que me despejara, y así no ver las cosas tan negras, no perder la esperanza
Conté todas las cartas que lancé. Eran 22.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada