Flashback
Alguien me zarandeaba con fuerza de mi vieja y sucia camiseta irrumpiendo en mis infantiles sueños. Después de muchas quejas y tirones en los que mi hermano intentaba sacarme de mi jergón, abrí los ojos pesadamente para complacerle y que me dejara de sacudir con la fuerza con la que lo hacía.
_¿ya te has despertado enanillo?-sonrió alegremente mirándome-
Gruñí varias veces por lo bajo maldiciéndole. A Pierre le encantaba picarme llamándome enanillo, sabía que en seguida me despejaría y que conseguiría su objetivo, corretear en busca de bichejos y animalillos por el enorme campo de trigo y maíz que teníamos, pero hoy estaba tan cansado que no tenía ganas, me encontraba fatal y me dolía la garganta.
_Hoy no Pierre...me encuentro mal-murmuré agotado-
_Venga Jean, que seguro que se te cura, vamos, allá al fondo hay un enorme panal de abejas..-replicó cogiendo mi brazo e intentando levantarme-
Mientras Pierre seguía emperrado en que fuera con él en busca de aventuras, mi madre entró en la habitación altertada por los gritos de protesta que emitía. En silencio, apartó a Pierre del brazo y me puso una mano en la frente.
_Pierre, Jean está enfermo, vete con Alan al campo y ayuda un poco a tu padre.
Mi hermano bufó y replicó varias veces por lo bajo hasta que finalmente se fue. Me arropó con una remendada manta y me sonrió.
_Ahora descansa pequeño, cuanto más duermas antes te pondrás bueno y antes podrás corretear con Pierre...
_Mamá...¿me cuentas un cuento?-le miré suplicante- Y cerré los ojos adentrándome de nuevo en los sueños escuchando a mi madre con su dulce voz
Fin del Flashback
_Señor Ashford..-susurró una femenina y cálida voz en mi oído-su tío me ha mandado despertarle
Gruñí varias veces para mis adentros abriendo los ojos y me levanté de mi cómoda cama poniendo los pies en el frío suelo de mármol. En invierno no apetecía nada levantarse de la cama y menos de madrugada por el expreso placer de mi tía y su nuevo marido. Suponía que estaría rodeado de su "exquisito" círculo de amigos y que además llevaría en el cuerpo más de una copa. Me vestí apresuradamente y bajé antes de darle cualquier excusa para quejarse de mí.
_¡Y aquí le tenemos¡-exclamó mi tío nada más entrar en el espacioso salón-el sobrino de mi adorada mujer-dijo escupiendo las palabras mientras me miraba con su rosada cara-
A juzgar por cómo iban sus amigos y él podía deducir que dos botellas de vino por cabeza era quedarse corto. Y cómo no, mi tía estaba arriba en su habitación fingiendo una indisposición con tal de no aguantar al gentío de hombres cantando y tragando sin demora.
John, un comerciante inglés siete años más joven que mi tía se había casado con ella aprovechando que Napoleón acababa de caer y que las industrias florecían con gran rapidez. Había visto en ella el perfecto negocio, y más sabiendo que disponía de su dinero para invertir donde quisiera. Se levantó como pudo de su silla, me cogió con fuerza del brazo y me sentó en la banqueta del piano
_¡Toca!-exclamó con violencia-
_¿Qué queréis que os toque?
_¡lo que sea maldito crío, pero toca, queremos algo de diversión!-gruño estirándome del pelo-
Cerré los ojos con fuerza intentando olvidarme del dolor e improvisé una canción esperando que tuviera efecto. Se ve que le gustó, porque soltó mi mano de mi pelo. Al abrir los ojos pude verlos bailando como podían y riendo a carcajadas mientras derrochaban el vino por la alfombra. Seguí tocando un buen rato esperando que al final se cansaran y me dejaran irme a la cama, pero esa noche John no me quería soltar por nada del mundo. Estaba tan cansado, que no me importaba pasar un rato por sus humillaciones con tal de dormir.
_¿Por qué has dejado de tocar?-me miró cabreado-
_Estoy cansado tío, me gustaría volver a mi dormitorio si no os importa..
_Pues claro que me importa maldito gusano-replicó mirándome-si no fuera por mí estarías en la calle mendigando como un pobre...Mejor dicho, tú y tus hermanos sois unos pobres huérfanos, y si estáis vivos ahora es porque no os echo a patadas de mi casa
_Esta casa es de mi tía, perdonad que os diga-le miré furioso-
_Tu vieja tía ya no manda ni pinta nada en esta casa. Bajo este techo harás lo que yo te diga quieras o no, y si no te gusta de patitas a la calle-gruño clavando con fuerza sus uñas en mi cuello-
_Está bien..pero dejadme que me vaya-supliqué mirándole-
Antes de que pudiera darme cuenta me pegó un puñetazo en la cara y me empujó con violencia fuera del salón. Salí apresuradamente de allí notando cómo me sangraba el labio y la nariz y me fui corriendo a mi habitación.
Lo primero que hice fue lavarme la cara para quitarme la sangre y luego me desnudé metiéndome de nuevo en la cama. No podía dormirme por más que quería, así que me levanté de la cama y me senté en el suelo.
Miré alrededor observando los objetos que había intentando centrarme en algo. Mi vida había cambiado mucho hacía doce años, ya no era el niño de cinco que vivía de sueños imposibles y correteaba felizmente por el campo. Ni siquiera tenía la misma relación con mis hermanos, cada uno se había distanciado y refugiado en un mundo con tal de olvidar aquél trágico mes que nos cambió la vida por completo. Me fijé en el espejo que había al fondo, y me acerqué a observarme.
Seguía teniendo los mismos rasgos de siempre, pero ahora tenía el pelo más enmarañado y algo más oscuro que cuando era pequeño. Los ojos seguían siendo iguales, y ahora tenía algo de vello por mi cara. Pero algo había cambiado; ya no era bajo como siempre. Por primera vez superaba, por poco pero lo hacía, a mis hermanos. Llegué a tener dos cabezas menos que Pierre y eso que teníamos la misma edad, pero en un año había crecido lo que en mis diecisiete años atrás nunca había crecido, y ya ni siquiera era tan huesudo. Aunque siempre quise ser alto y fuerte, ahora ya no era algo que me preocupaba. Lo que en un tiempo deseaba cambiar ahora era lo que más me daba igual. Mi vida no era un camino de rosas, pero tampoco me quejaba mucho.
Desde que había venido a casa de mi tía las cosas habían dado un giro de 360º. Nada más escrutarnos con su mirada nos dijo que iba a convertirnos en verdaderos caballeros y no en bastos y rudos hombres del campo. Lo primero que cambiamos fue los modales básicos, y prohibidísimo tutear, cómo no. También nos prohibió jugar correteando por la casa y nos obligaba ir a misa todos los domingos. Yo no sé si mis hermanos iban a gusto, pero a mí me horrorizaba ir allí. El cura siempre me miraba con una sonrisa maliciosa y yo no creía en Dios, no después de todo lo que pasé, pero a ver quién se negaba a mi tía.
Sí que es verdad que cuanto más mayores se hacían más serios se volvían Pierre y Alan, y más se encerraban en sus habitaciones. Yo era el único que me resistía a crecer mentalmente, me resignaba a olvidar la felicidad del pasado, pero no tenía más remedio que adaptarme. Mi tía me conocía muy bien,y sólamente por ser cómo era estaba siempre encima mía. A ellos les dejó coger los estudios que más les gustaba, pero a mí no. Vio que podía tener muchas cosas en la cabeza y me metió en vez de a un colegio, con un profesor que me embotaba la cabeza de muchas asignaturas y conceptos. Luego un profesor de piano que me dejaba frito, me encantaba el instrumento pero el mismo hacía que le cogiera manía y que intentara no tocarlo a ser posible.
_¿Qué pone ahí señorito Alain?-me miró alzando una ceja-
Gruñí para mis adentros. Cómo le gustaba sacarme de mis casillas llamándome Alain.
_Pone un..un 3-fruncí el ceño-
_¿Y me podría decir qué número ha puesto usted?
_Un 4...-murmuré-
_Exacto-me dio con la vara en las manos-es usted muy oblidadizo y hace lo que le da la gana, si ve un 3 ha de tocar el 3 y no colarse, que se cree que no le veo...
_Puedo equivocarme, soy humano sabe-le interrumpí-
_No sea descarado, tiene aptitudes pero usted nunca será capaz de tocar una gran obra con lo desastrado que es, no es capaz de concentrarse
_Toco cinco horas al día después de levantarme temprano para dar muchos temarios, ¿puede imaginarse lo cansado que estoy?
_Esas no son excusas, o aprende a poner bien los dedos o me niego a seguir dándole clases aunque su tía me pague-y dicho esto, se levantó yéndose-
A pesar de todo ello, había dos cosas que me encantaba de aquella mansión fría. La primera era la biblioteca que había en el ala oeste, una enorme habitación con estanterías que iban hasta el techo repletas de miles y miles de enormes libros. Escondiéndome de mi tía fue como descubrí a la lectura cuando un buen día cogí un libro de una de las estanterías. Era un libro con cuerpos abiertos e intestinos salientes. Yo no entendía nada, era demasiado crío para poder leer aquella comprimida letra, pero me picó el gusanillo por entenderlo. Aprendí a leer y poco a poco me fui devorando los libros que había fuera de lo que fuera, y descubrí mi devoción; las ciencias en general pero más concretamente la medicina, aunque mi tía era reacia a que fuera médico, quería meterme en el seminaro cosa a la que me opinía.
La segunda cosa que amaba de aquella casa era el retrato que había encima del piano. Me gustaba sentarme en el piano a tocar cuando nadie me observaba mirando el retrato. Era de mi madre, la hermana de mi tía. Muchos días me ponía a hablarle como si tuviera la esperanza de que me escuchara, y me consolaba con ello. Suelo soñar con ella muchas noches, nunca le he preguntado a mis hermanos si les pasa, pero yo creo que todavía no lo he superado.Una vez mi tía me pilló hablándole a mi madre y empezó a despotricarme diciéndome que eso era de locos y que no volviera a hacerlo nunca más. Así era de cariñosa ella, que odiaba a los niños y nos aceptó sólamente por mi difunta madre.
La única esperanza que me queda es que tendré una vida mejor en el futuro, huír, escaparme de aquella mansión que me tenía encerrado, explorar el mundo y quizás encontrar un amor...
De tantos pensamientos al final he acabado en la cama. Que sea lo que tenga que ser, no me quedará más remedio que aguantar como hacen todos, callar y aguantar tirando hacia adelante. Y así es como, a pesar de todo, me dormí con una sonrisa en mis labios.
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