This is my brain

dimarts, 5 de desembre del 2017

º



Cerró los ojos por enésima vez. Las manos le temblaban como si tuvieran vida propia, las piernas le flaqueaban, y si no fuera porque estaba sentado en un escalón probablemente habría desfallecido. Las gotas de sudor le caían por la frente, notaba el pelo totalmente pegado a la piel. Incluso le oprimía el pecho, y no le gustaba nada aquello. Sabía que pocas cosas le podrían calmar, y menos en ese momento….si tan solo pudiera fumar….

Empezó a mover dos dedos lentamente, imaginando que tenía un cigarro entre ellos. Intentaba no rememorar las horas anteriores, pero era inevitable. El día había sido horroroso, pero hacía muchos años que no había tenido una guardia tan mala. Y lo peor era que a pesar de las operaciones de urgencia todo había acabado bastante mal. Quizás era el cansancio de haber estado toda la noche en vela y llevar más de 24 horas sin dormir, pero se sentía débil mentalmente. Era hora de irse por fin a casa…Con lentitud, empezó a levantarse del escalón y fue arrastrando los pies hasta su despacho. Cuando llegó, rebuscó entre los cajones guardándose en el bolsillo lo que estaba buscando, cogió las llaves del coche y salió del despacho. El sol empezaba a asomar entre los árboles y agradecía profundamente el frío viento que había aquella mañana. Se fue directo al coche y nada más entrar sacó del bolsillo un paquete de cigarros y el mechero. Se había prometido, jurado y perjurado hacía tres años que no volvería a fumar jamás, pero aquél día se sentía terriblemente tentado. Aún con las manos temblando, sacó un cigarro y se lo llevó a los labios. Justo en el momento en el que acercaba el mechero para encenderlo cambió de idea, lo agarró apartándolo de la boca y lo encendió. Se permitió el lujo de jugar con el cigarro encendido aun sin darle ni una sola calada, y arrancó el coche rumbo a su casa.

Con la ventanilla bajada, el aire dándole en la cara y el cigarro encendido se sintió más relajado. Aunque no había llegado a atreverse a darle ni una sola calada, una parte de él se sintió débil por haber llegado a intentarlo. Sin embargo, decidió aquél día permitirse el capricho de disfrutar del tacto del cigarro entre sus dedos. No debía de ser tan duro consigo mismo….al fin y al cabo no había llegado a romper su promesa.

El cigarro fue consumiéndose poco a poco entre sus dedos hasta que llegó a casa . Cuando salió del coche se fue directo hasta la papelera, mirando durante largos segundos el paquete de cigarros. En un rápido gesto, lanzó el mechero y los cigarros a la basura, queriendo dejar atrás todo aquello para siempre. El sol ya había salido…y con él, otro nuevo día para Jean.


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