This is my brain

dimarts, 5 de desembre del 2017



Siempre me pregunté qué tenía la luna... Y es precisamente el aire místico el que me atraía, esa aura que me despertaba ternura.
Tengo que de confesar que me enamoré la luna. Me encantó su brillo, su luz, pálida y ténue, su calidez, extraña, pero que me llegaba. Y cuando me di cuenta, las sombras que la rodeaban eran más peligrosas de lo que pensaba. Caí en una espiral infinita de desgracia y amargura que ni el paso del tiempo me ha quitado el sabor agridulce de aquél recuerdo. Pero volvió. Volvió para perseguirme y recordarme que soy débil, tan débil que cuando me permito bajar la guardia caigo de nuevo en sus redes. Y sé de sobra, que bajo esa pura inocencia que derrocha, se alberga la más malvada de las risas. Que me mira como si fuera un tonto. Que se acerca a mí cuando está carente de cariño, que desea mis abrazos, aunque su luz está envenenada. Que escupe veneno cada vez que me susurra, y me va matando, muy lentamente.

No voy a caer esta vez. He encontrado precisamente la luz del sol...que me guía y me recuerda, que los muros siempre están a tiempo de reconstruirse.

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