This is my brain

dissabte, 30 de desembre del 2017

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-Toca

-¿Qué?

-Que toques

La cara de mi tío estaba tan cerca de la mía que olía su aliento a alcohol, a ese whisky caro que siempre pedía en el bar. Empecé a marearme sólo de olerle; ya empezaba hasta a dolerme la cabeza

-Son las 11 de la noche, y quiero…

-Mi casa, mis reglas, maldito niño desagradecido. Toca para mis amigos, han venido a pasar la noche y necesitan entretenimiento

-Pero…

Me callé inmediatamente al ver cómo en sus verdes ojos cruzaba un atisbo de odio, esa mirada que indicaba que venía mi peor pesadilla. Sin embargo mis labios me habían traicionado, y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde. Apenas parpadeé y ya estaba de rodillas en el suelo, retorciéndome del dolor, agarrándome la espinilla. Le encantaba pegar patadas con fuerza para liberar su rabia. Estaba seguro de que a la mañana siguiente iba a tener otro moratón en la pierna como en tantas otras ocasiones.

-¡Baja ahora mismo y toca el piano, maldito estúpido!-gritó mientras salía de la habitación, pegando un portazo

Quizás mi mente siempre había adoptado una actitud pasiva ante los insultos y el maltrato físico que constantemente reinaba en esa casa, pero algo en mí cambió. Por primera vez no quería estar constantemente con miedo de que alguien pudiera propinarme un puñetazo, insultarme o matarme de una paliza medio borracho. Así que, antes de salir de mi habitación, cogí un bate y bajé las escaleras en silencio, totalmente dispuesto a enfrentarme a él. Cuando llegué abajo me encontré a mi tío bebiendo con sus amigos, riéndose de forma grotesca de quién sabe qué chiste. No veía a mi tía; probablemente estaba fumando en su habitación como pretexto para no estar con mi tío. Sabía que rechistarle en un día bebido era condenarse a una infinidad de insultos.

-¿Qué haces, niñato?-bramó mi tío levantándose de la silla mientras tambaleaba, señalando mi bate-¿qué te crees que haces con eso?

Mis piernas empezaron a temblar mientras aferraba el bate con fuerza. Estaba harto, no podía seguir así, no podía más, y encima estaba irremediablemente cagado de miedo.

-Eres escoria. -dijo con asco, soltando una risotada-¿Te crees mayor por blandir eso? Me lo debes todo. Eres un desgraciado ; tus padres están muertos, tus hermanos trastornados y tú acabarás igual. Bueno, o peor…porque tienes una pinta de nenaza que no te la aguantas.

Las lágrimas empezaron a brotar por mis mejillas. Cada vez estaba más rabioso, más enfurecido, se me nublaba la vista. Había mencionado a mis padres y era precisamente su recuerdo el que me animaba a seguir viviendo en aquella vida que me hacía sentir tan miserable.

-¡Cállate!

-¡Eres una mierda!-gritó acercándose más a mí con pasos torpes, atropellándose hasta con sus propias palabras del enfado que tenía-¡¡Como te coja no te va a reconocer nadie de cómo te voy a dejar la cara!!

Algo en mí reaccionó. Moví con velocidad el bate, como si quisiera darle con toda mi rabia en su cabeza. Pero frené, frené justo a escasos milímetros de su frente. No quería ser como él, no era capaz de hacerlo. No pensaba mancharme las manos de sangre, pero tampoco iba a permitir que volviera a abusar de su poder bajo los efectos del alcohol.

Mi tío se quedó sin respiración, con los ojos abiertos, sorprendido de que de verdad hubiera sido capaz de intentarlo. Tragó saliva y vaciló durante unos instantes, pero se quedó callado, sin saber bien qué decir. Hasta sus amigos habían dejado de reír y cantar, totalmente enmudecidos por la escena

-Vete. Vete y llévatelos. Vete. ¡Vete!

Debió de ver algo en mis ojos porque por primera vez en mi vida me hizo caso y retrocedió varios pasos. Solo se permitió un segundo en el que intentó volver a azuzarme, pero un pequeño movimiento de mi bate le frenó. Se apartó de mí y retrocedió hacia la puerta sin dejar de mirarme, como si tuviera miedo de que pudiera volverle a amenazar. Sus amigos le siguieron, caminando con toda la rapidez que el alcohol les permitía. En pocos segundos después desaparecieron de la casa con un portazo, dejándome solo en el salón con la respiración agitada.



Algo me oprimía el corazón. Tendría que haberme sentido aliviado y sin embargo mi cuerpo no reaccionaba por culpa de la adrenalina. Me empezaron a fallar las piernas de los temblores, y acabé caminando como pude hasta el sofá, soltando el bate en el suelo. Al llegar al sofá me dejé caer, haciéndome un ovillo y cerrando los ojos con fuerza, intentando parar los sollozos que empezaban a brotar. Deseaba olvidar cada una de las palabras que retumbaban en mi cabeza y que mi tío llevaba repitiéndome desde que tenía uso de razón. Quería, por primera vez en mi vida, sentir algo de amor propio que me animara a seguir, que me hiciera buscar esa luz del túnel que tanto ansiaba mi oscura vida. Con todos esos pensamientos acabé sumergiéndome en el sueño, dejándome llevar, sabiendo que al día siguiente algo nuevo iba a nacer en mi interior.


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